LA DAMA DE LA CAMPIÑA YUNQUERA DE HENARES

 

Por Pedro Taracena Gil



Foto: Antonio Tabernero

CRÓNICAS DE MI PUEBLO


AD PERPÉTUAM MEMORIAM

Pedro Pablo,
mi primo, muy querido.


CRÓNICAS DE YUNQUERA DE HENARES

Así que pasen cincuenta años...


PRÓLOGO

Tienes, lector, en tus manos un nuevo libro. Lo ha escrito Pedro Taracena Gil y lo titula Crónicas de mi pueblo.

Pedro vivió su niñez y adolescencia en Yunquera en el decurso de aquellos años transcendentales y decisivos de la historia contemporánea de la España de la posguerra y el comienzo del desarrollo que culminaría tan esplendorosamente en la década de los sesenta, cuando en el mundo entero se habló del “milagro español”. Antes y después de la firma de los tratados hispanoamericanos y del Concordato con la Santa Sede, que fue cuando terminó el aislamiento internacional de España.

A lo largo de las páginas de su obra no pretende contar anécdotas chispeantes o patéticas de aquellos tiempos. Busca ofrecer una contemplación objetiva de unos años cuya vitalidad se acredita con la pervivencia de un recuerdo, que va micho más allá de la pura motivación melancólica. Período histórico decisivo, sin el cual no es sencillo comprender el desarrollo social y económico del Yunquera actual, que fue un tiempo triste y esperanzador, amargo y optimista, preocupante y jubiloso. Tan contradictorias connotaciones le prestan, obviamente, su mágica fascinación. Período que, como materia literaria, su evocación despierta las naturales nostalgias en quienes le vivimos, pero, a la vez y sorprendentemente, interesa a las nuevas generaciones. Son sus recuerdos y emociones de la época. Lo que él experimentó en la vida diaria de Yunquera, las vivencias retenidas en su memoria en aquellos años. Y las recoge en este libro para ayudar a la juventud actual y a los que rondamos ya los sesenta años y fuimos los protagonistas de aquella historia. Para que los viejos hagamos un paseo a lo largo de aquella década y avivemos las fascinantes experiencias que afianzaron nuestra personalidad. Para que los que no la conocieron comparen lo que va de ayer a hoy. Para que unos y otros descubramos nuestras raíces más vitales y genuinas.

Todo esto lo ha hecho con maestría este ejemplar yunquerano. Y así han nacido estas diez “crónicas” que se leen con fruición porque en ellas la erudición y la abundancia informativa se juntan con la amenidad y la gracia del buen decir. No falta un solo detalle en el minucioso recordar de aquel tiempo ido. Es un repaso pormenorizado y lúcido, pues lo cuenta con detalle y paciencia. Y así, unas imágenes traen a otras, retratan a los hombres, mujeres, niños y a la época toda buscando, adrede, intercalar el dato interesante, la palabra científica, la fecha histórica... Desfilan los ritos, las fiestas, las tradiciones, las canciones más queridas y la cultura reinante en el pueblo. Desfilan los chicos (éstos ente el dilema de elegir si su futuro estaba en el campo o fuera de él) y también los grandes en las tareas de la labranza y de los diversos oficios existentes. En retablos encantadores describe el ambiente familiar dentro de la actividad rural y campesina, el pueblo todo con sus calles al servicio de los carros. Su iglesia, sus ermitas, sus fuentes y pilones, sus tiendas, su estación de ferrocarril... Se ocupa, finalmente, de un hecho vital, la concentración parcelaria, evento que transformó la agricultura, fue el punto de partida para el desarrollo ulterior del pueblo y de sus gentes, les sacudió de su letargo e hizo posible que el llamado “milagro español” fuera una gozosa realidad. Por eso, manteniendo las raíces de una tradición religiosa y familiar, Yunquera es hoy un pueblo creador, próspero, atractivo y de localización privilegiada. Su caserío se ha triplicado. Y entre dolores y desgarrones se ha gestado una nueva sociedad que muy poco tiene que ver con la de la década de los cincuenta.

Con base de un material tan extenso como valioso, el autor culmina cada una de sus “crónicas” con una personal y amena contemplación del Yunquera de entonces en sus aspectos más entrañables y humanos, añadiendo algo nuevo que pudiera servir de enseñanza. De ahí el interés de este libro, que no pretende polemizar, sino simplemente enseñar recordando, que elude de propósito las connotaciones que pudiesen herir la sensibilidad de los yunqueranos. Aquellos años de austeridad (y a la vez magníficos) nos dejaron una enseñanza, muy de apreciar en los actuales: frente a las mayores dificultades y cambios, hay que esforzarse y adaptarse también al máximo en una tarea colectiva e ilusionada, sin arredrarse por el contorno ingrato e incierto, en la seguridad de que con el trabajo y el tesón se sale adelante. Entre el pueblo de aquel tiempo ido y el que comenzaba a resurgir al comienzo de la década de los sesenta, recorrimos los yunqueranos un largo y áspero camino. A fuerza de ideales, ilusiones, sacrificios, sonriendo siempre frente a la adversidad, luchando contra los imponderables, tratando de mantener, cuando menos, los valores perennes de la religiosidad y de la familia heredada y sabiendo que el esfuerzo merecería la pena, todos, unos en el pueblo y otros fuera de él, vimos nuestros esfuerzos coronados por el éxito. Quiera Dios que el recuerdo de aquello sirva para que bien pronto podamos remontar los nuevos problemas que hoy acucian a todos y a cada uno de los yunqueranos.

¡Bien haya la pluma que ha realizado el milagro de redimir del olvido un pasado que andaba ya medio olvidado del cotidiano vivir y descubrir, poniéndolas bien en evidencia, las raíces y tradiciones vitales y genuinas que son las que acompañan siempre, aunque se viva en otros lugares y en contextos históricos y sociales distintos de los de la niñez y adolescencia! ¡Bien haya el “Cronista” que presta tan sazonada ofrenda a su pueblo y a sus paisanos! Ojalá otros muchos yunqueranos se dieran a buscar, digerir y alumbrar en páginas otros varios aspectos del pasado histórico y costumbrista de Yunquera. Si tal cometido, bien llevado a término con el rigor y el lenguaje medido, la pauta científica y el cavilado sentido crítico se viera culminado en la publicación de otras muchas obras, como ha ocurrido en este caso, ello sería una auténtica proeza de cultura cierta y de progreso.

Fray Ramón MOLINA PIÑEDO O.S.B.
Abadía de San Salvador de Leyre, 15 de septiembre de 1996, solemnidad de la Virgen de la Granja, Patrona de Yunquera.




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